”Tengo que, pero no quiero”

gato feliz

Tabla de contenido

Todos nos hablamos a nosotros mismos, incluso si no somos conscientes de ello. Esta charla interna puede ser amable y motivadora o puede ser nuestra peor crítica. Si sientes que tu diálogo interno está cargado de “deberías” y “tengo que”, es hora de darle una nueva dirección.

Un mundo de palabras

Nuestro diálogo interno puede ser nuestro peor enemigo o nuestro mejor aliado. Imagina tener un coach interno que constantemente te levanta el ánimo. Por otro lado, piensa en un juez interno que constantemente te señala todo lo que estás haciendo mal. Esos “deberías” y “tengo que” pueden ser pesados ​​como una mochila llena de piedras, arrastrándonos hacia la culpa, la frustración y la autocrítica.

¿De dónde vienen estos pensamientos?

Nuestro diálogo interno no es algo que nace con nosotros; se aprende. Estas voces internas son el reflejo de lo que hemos escuchado de otros, especialmente de figuras significativas en nuestras vidas, como nuestros padres, maestros, amigos o parejas. Así, si alguien relevante constantemente nos decía que “deberíamos” hacer algo, es probable que hayamos interiorizado ese mensaje.

¿Cómo nos afecta?

Estos pensamientos no son inofensivos. De hecho, la autoexigencia puede conducir a una serie de problemas emocionales y comportamentales. Las personas que son especialmente críticas consigo mismas a menudo sienten una profunda insatisfacción, ya que sus acciones nunca parecen ser suficientemente buenas. Además, al proyectar estos estándares imposiblemente altos sobre los demás, se pueden crear tensiones y conflictos en las relaciones interpersonales.

Rompiendo el ciclo

La buena noticia es que, si bien estos patrones de pensamiento se han aprendido, también pueden ser desaprendidos y reemplazados por diálogos internos más saludables.

Aquí hay algunos pasos para transformar esa charla interna:

  1. Conciencia: Cuando te sientas frustrado o abrumado, haz una pausa y pregúntate a ti mismo: ¿Qué me estoy diciendo en este momento?
  2. Identificación: Busca esos “deberías” y “tengo que”. ¿De dónde vienen? ¿Son realistas?
  3. Cuestiona: ¿Por qué las cosas “deberían” ser de una cierta manera? ¿Es ese el único camino?
  4. Reformulación: Sustituye ese “debería” por “preferiría” o “me gustaría”. Cambia el “tengo que” por “quiero” o “elijo”.

Por ejemplo, en lugar de decirte a ti mismo: “Debería estar trabajando más”, puedes decir: “Prefiero trabajar un poco más hoy para sentirme más relajado mañana”. Este pequeño cambio de perspectiva puede marcar una gran diferencia en cómo te sientes y cómo te enfrentas a los desafíos.

La forma en que nos hablamos a nosotros mismos puede cambiar todo, desde nuestro estado de ánimo hasta nuestra productividad. Al reemplazar los “deberías” y “tengo que” por afirmaciones más constructivas, no solo mejoraremos nuestra salud mental, sino que también nos daremos el espacio para crecer, aprender y ser más compasivos con nosotros mismos y con los demás. Es un cambio que vale la pena hacer.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *